MI PAIS, OH MI PAIS


(Efraín Huerta)

Ardiente, amado, hambriento, desolado,

Bello como la dura, la sagrada blasfemia;

País de oro y limosna, país de paraíso,

país infierno, país de policías.

Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,

República de ángeles, patria perdida.

País mío, nuestro de todos y de nadie.

Adoro tu miseria de templo demolido

Y la montaña de silencio que te mata.

Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes

Morirse todo de terror y de angustia.

Porque ha vuelto a correr sangre de los buenos

Y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.

Porque la sombra de los malignos es espesa

Y amarga y hay miedo en los ojos y nadie habla

Y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,

Porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,

Sobre el cuerpo del pueblo perseguido.

Porque hay engaño y miseria y el territorio

Es áspero edén de muerte cuartelaria.

Porque al granadero lo visten

De azul de funeraria y lo arrojan

Lleno de asco y alcohol

Contra el maestro, el petrolero, el ferroviario, y así mutilan la esperanza y le cortan

El corazón y la palabra al hombre

Y la voz oficial, agria de hipocresía

Proclama que primero es el orden

Y la sucia consigna la repiten

Los micos de la prensa,

Los perros voz –de su- amo de la televisión,

El asno en su curul, el león y el rotario,

Las secretarias y ujieres del procurador

Y el poeta callado en su muro de adobe,

Mientras la dulce patria temblorosa

Cae vencida en la calle y en la fábrica.

Este es el panorama:

Botas, culatas, bayonetas, gases…

¡ Viva la libertad ¡

Buenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz…

Todo el país, amortajado, todo,

Todo el país envilecido,

Todo eso, hermanos míos,

¿No vale mil millones de dólares en préstamo?

¡ Gracias, becerro de oro ¡ ¡ Gracias, FBI ¡

¡ Gracias, mil gracias, Dear Mister President ¡

Gracias, honorables banqueros,

Honestos industriales, generosos monopolistas,

Dulces especuladores;

Gracias laboriosos latifundistas,

Mil veces gracias, gloriosos vendepatrias;

Gracias gente de orden, demos gracias a todos

Y rompamos con un coro solemne de gracia

Y gratitud el silencio espectral que todo lo mancilla.

¡Oh país mexicano, país mío y de nadie!

Pobre país de pobres, pobre país de ricos.

¡ Siempre más y más pobres ¡

¡ Siempre menos, es cierto, pero siempre más ricos!

Amoroso, anhelado, miserable, opulento,

País que no contesta, país de duelo.

Un niño que interroga parece un niño muerto,

Luego la madre pregunta por su hijo

Y la respuesta es un mandato de aprehensión.

En los periódicos vemos bellas fotografías

De mujeres apaleadas y hombres nacidos en

México, que sangran y su sangre

Es la sangre de nuestra maldita conciencia

Y de nuestra cobardía.

Y no hay respuesta nunca para nadie

Porque todo se ha hundido en un dorado mar de dólares

Y la patria deja de serlo

Y la gente sueña en conjuras y conspiraciones

Y la verdad es un sepulcro.

La verdad la detentan los secuestradores,

La verdad es el fantasma podrido de Mc Carthy

Y la jauría de turbios, torpes y mariguanos

Inquisidores de huarache,

La verdad está en los asquerosos hocicos

De los cazadores de brujas,

¡ La grande y pura verdad patria la poseen,

oh, país, país mío, los esbirros,

los soldados, los delatores y los espías ¡

No, no, no, la verdad no es la dulce espiga

Si no el nauseabundo cóctel de barras y de estrellas.

La verdad, entonces, es una democracia nazi,

En la que todo sufre, suda, se avergüenza,

Porque mañana, hoy mismo,

El padre denunciará al hijo, y el hijo

Denunciará a su padre y a sus hermanos.

Porque pensar que algo no es cierto

O que un boletín del gobierno

Puede ser falso querrá decir

Que uno es comunista y entonces vendrán

Las botas de la gestapo criolla

Vendrán los gases, los insultos, las vejaciones,

Y las calumnias y todos dejaremos de ser

Menos que polvo, mucho menos que aire

O ceniza, porque todos habremos descendido

Al fondo de la nada, muertos sin ataúd,

Soñando el sueño inmenso

De una patria sin crímenes…

Y arderemos, impíos y despiadados,

Tal vez rodeados de banderas y laureles,

Tal vez lo más seguro,

Bajo la negra niebla

De las más negras maldiciones…

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LOS NIÑOS DE LA CALLE



(Fidencio Escamilla Cervantes)

La calle es larga en este México mío

y al oscurecer el día, el panorama es sombrío,

surgiendo cientos de manos pidiendo pan, un abrigo.

La calle que era de día, se transformó en un ratito

Y ahora es penumbra, miedo; es dolor, hambruna y frío.

Se callaron la boca, se mordieron la lengua,

Se cubrieron los ojos, hicieron miradas ciegas;

Pusieron oídos sordos, se arrancaron las orejas

Y mil muros de desprecio pusieron con su soberbia.

Y la ciudad se hizo barrio, las avenidas, viviendas;

Tragahumo los muchachos, y las “marías” sirvientas.

El político, un farsante podrido entre las promesas;

Y los niños de la calle: una realidad que pesa.

Yo protesto ¡protesto ante una justicia que apesta!

Que se inclina ante el dinero y que del pobre hace presa.

¡Yo protesto y con rabia y con dolor acompaño esta protesta!

Y hoy la presento a ustedes, esperando una respuesta.

Un minuto de su tiempo para que abran sus conciencias.

Del corazón, una arteria, para que la sangre hierva.

Del cerebro, un pensamiento y esta crisis se resuelva.

Y de su alma, una esperanza, para ganar la contienda.

¡Yo protesto! Y mil niños avalan la protesta que se mueren de hambre y de frío, en las calles y banquetas.

Que se enferman y se pudren por dentro

Entre vicios, droga y delincuencia.

La sabiduría con pelo desgreñado, quiere una respuesta!

Esas caritas sucias piden pan, amor… ¡Justicia a secas!

Esos niños descalzos, que por hambre realizan mil piruetas,

No tientan el corazón de aquél que los observa.

A fuerza de golpes, de hambre, de falta de cariño,

De políticas torpes e ilusiones desechas,

De padres drigadictos y de madres sin conciencia,

Los niños de la calle, de todo mundo, son presas.

Sus miradas se pierden entre la indiferencia

De un mundo cibernético que al degradarse, progresa.

A nadie le importa un estómago vacío…

Ni una cara pintada, con infinita tristeza.

Esos niños de la calle que hoy viven de piruetas,

No conocen el amor, casi nadie los besa;

Sólo saben de amarguras, porque con ellas despiertan;

De afecto, reciben burlas y mil de señas obscenas.

¡Son hijos de la apatía, del no deseo de parejas!

¡Del sexo mal comprendido que vive la adolescencia!

¡Del machismo que imponemos por dominar a la hembra!

¡De aquellos que se enamoran y se juntan y se dejan!

¡De toda esta peste infame, esos niños son las presas!

¡Del médico mariguano; de la prostituta enferma!

¡Del corrupto policía que la sociedad segrega!

¡Del ministro de cultura, que de ignorante, babea!

¡Del gobernante que no habla porque se tragó la lengua!

¡Del maestro, que ha olvidado cual ha sido su tarea!

¡Del sacerdote, que con armas y licor contrabandea!

¡y del borracho, que briago, en la banqueta se mea!

Esos niños de la calle, esta podredumbre heredan

Y cada día y cada noche, de la humanidad se acuerdan.

De los golpes cotidianos que en sus espaldas pasean,

Sin que tengan un mañana, una ilusión… una meta.

Cuando sus manos extienden para que alguién los vea,

No nada más piden ellos, de limosna, una moneda.

Demandan una caricia, de amor, si quiera una cena

Que a su corazón y su alma un afecto le devuelvan.

Cuando sus manos extienden para que alguien los vea,

En ellas ponen mil años de explotación callejera.

De un estómago con hambre; o con una infección venérea

Por el abuso sexual de un buitre… o de una hiena.

Esos niños de la calle que casi a diario protestan,

Limpiando los parabrisas por una cuantas monedas;

Lanzándonos mil reproches por esa vida que llevan:

Su disfraz de payasito, esconde una cara tierna.

Como tu hijo, o mi hijo, también esos niños sueñan.

Más… quien sabe si con dios, o si crean en la noche buena.

Si sus sueños sean hermosos… o de martirio y de penas,

Como es en su realidad, por esa vida que llevan.

Como tu hijo, o mi hijo, que solícitos nos besan

Y llenos de amor y ternura, su cariño nos profesan.

Esos niños de la calle, de ello, quisieran muestras;

Más, no se los permitimos y el rechazo los aleja.

¡Por eso grito ante ustedes esta sentida protesta!

Y la firman mil de niños, que duermen en las banquetas,

Que se cubren con periódicos que a veces mal se alimentan

Y que su vida se acaba en esas calles perversas.

Los que viven en Polanco, o en la central camionera.

En la plaza Garibaldi, o en la glorieta Minerva.

En paseo de la reforma, o cerca de presidencia.

En el parvial de San Cosme, o afuera de las iglesias.

Esos hijos de una crisis que surgen entre parejas:

¡Del médico mariguano; de la prostituta enferma!

¡Del corrupto policía que la sociedad segrega!

¡Del ministro de cultura, que de ignorante babea!

¡Del gobernante que no habla porque se tragó la lengua!

¡Del maestro, que ha olvidado cual ha sido su tarea!

¡Del sacerdote, que con armas y licor contrabandea!

¡y del borracho, que briago, en la banqueta se mea!

¡Este grito de protesta! ¡salgan… salgan y vean!

A los niños de la calle, sin porvenir, sin bandera.

Entre enfermos, entre vicios, entre droga y delincuencia.

¡Por eso protesto y grito! ¡Salgan… salgan y vean!

LENTA AGONIA


(Anónimo)

hace tiempo quería decirlo,

pero no estaba consciente de mi realidad

tal vez era muy pequeña todavía,

y cuando deseaba hacerlo,

las palabras se negaban a salir,

pero he crecido… lentamente

con el mismo deseo de ayer.

¡Y estoy viviendo contigo!

A pesar de todo me doy cuenta

Que poco a poco estás muriendo

Y quisiera huir de tu agonía,

Pero el tiempo tiene que seguir.

¡MEXICO! Lentamente estás muriendo

ya nadie quiere creer en ti,

ya no quieren discursos demagógicos,

¡Ahora quieren la verdad!

No importa cual sea ¡Pero ya!

Es el momento, no dejes el tiempo transcurrir

Que no té de vergüenza mencionarlo,

Dile al mundo entero lo que deseen escuchar.

¡MEXICO! Lentamente estás muriendo,

ya nadie quiere luchar por ti,

pues cometiste aquellas injusticias

Conque a muchos hiciste sufrir,

¡Aquello todavía no se puede olvidar!

¡Dos de octubre, no se olvida!

Escuché a mucha gente gritar,

Cuantas gargantas quedaron apagadas

¿Lo sabes México? ¿Lo sabes ya?

1975, año internacional de la mujer,

¿Acaso de la mujer que prostituyes?

¡De la mujer humilde y campesina!

¡De la que trabaja para vivir!

¿De la madre soltera que rechazó la sociedad?

1979, año internacional del niño,

¿De aquél niño que viaja a Europa?

¿O de aquél niño que es hijo de magnates?

¿De aquél niño que vive con lujo y pompa?

¡MEXICO! Ya no tienes juventud

la que había está bailando al son de la música que tocas,

no la busques en la escuela o en la casa,

¡Búscala en los centros de vicio y prostitución!

¡Ahí están! ¡Ahí están! Convertidas en idiotas

¿No para eso querías la televisión?

No les preguntes quien fue Juárez, Morelos o Zapata,

Mejor pregúntales, si ya hicieron la prueba del añejo,

O si ya tomaron ¡La rubia que todos quieren

O si ya usaron una manchester

Y se sintieron a gusto,

¡Ya no busques muchachas como antaño!

Ni preguntes el porqué de la nueva ola.

Guarda silencio mejor, que es más elocuente

A que mil palabras te hagan daño,

Tampoco preguntes, porque los campos se van

Marchitando lentamente.

Ya es inútil decir: El campo es primero,

O bien campesino no siembres amapola o mariguana,

¡Basta ya de tanta demagogia!

Que si fueran alimentos todos obesos estaríamos.

¡MEXICO! Lentamente estás muriendo,

porque el clarín con que llamas a tus hombres al combate,

está perdiendo su voz de trueno,

y aquéllos para casos de emergencia,

están enmohecidos por el tiempo transcurrido

los tambores ya no tocan las notas marciales

¡Y los jóvenes, y los niños! ¡Ven con indiferencia!

Que pasa frente a ellos su bandera.

Ya olvidaron los paisajes de la historia,

Y la sangre derramada,

Han perdido la conciencia y el civismo,

Pues ya no cantan con sentimiento nuestro himno.

¡MEXICO! Los que hicieron la revolución,

¡Exigen justicia! No los premies con medallas,

ni les des papeles para premiar su heroísmo,

¡Dales tierras! ¡Las tierras que un día fueron de ellos!

¡Regrésales sus campos! que por ellos han luchado,

y así sentirás que respiras nuevamente,

la naturaleza parece comprender tu agonía.

Las flores ya no emiten su aroma,

Los árboles se mueren lentamente,

¿Y tus leyendas? ¿Y tus tradiciones?

¿Dejarás que mueran contigo?

¡México lindo y querido! Como México no hay dos,

y también tu canción mixteca.

El poeta quiere decirlo siempre,

El escritor desea recordártelo,

El estudiante, empieza a comprender,

Entiéndelo tu que estás sufriendo.

¡MEXICO! Lentamente estás muriendo,

y no nos culpes de tus agonías,

pues ya muchas veces has matado a MI PUEBLO.

Y a pesar de que lo sabes, nunca dijiste nada,

No querías reconocerlo, sin embargo eres mi patria,

Eres mi México y te estoy esperando,

¡Habla, ¡Habla con la verdad!

Para que ya no digamos que te estás muriendo,

Para que con obreros, campesinos, estudiantes,

Amas de casa, desempleados, pregonemos:

¡MEXICO! ¡MEXICO!

Te estamos rescatando.

LA LUCHA DEL MAESTRO



(Roselia A. escobar R.)

Te voy a contar un cuento  que no es cuento, es realidad,

Es la historia de un maestro que se dispuso a luchar,

Él trabajó en la montaña y ya llegó a la ciudad

Su sueldo ya no le alcanza, su sueldo ya no le da,

No tiene para sustento él conforme ya no está.

Su familia pasa hambre, sus hijos quieren un pan

Él lucha por un aumento que el gobierno no le da,

En cambio le da descuentos ¿quién lo podrá ayudar?

La prensa lo llama flojo que se ponga a trabajar,

Él trabaja con los niños con ahínco y con afán,

Exige un cien por ciento que en realidad no le dan.

El explica a nuestro pueblo que quiere colaborar,

Le responden con descuentos queriéndolo amedrentar,

Sube el pan y las tortillas y sueldo baja más,

No puede comprar un libro para enseñar mucho más,

Y es que tiene una familia a la cual alimentar.

El final de este MAESTRO el gobierno lo dirá,

Si quiere tener un pueblo con muy buena educación,

Con maestros preparados y un pueblo con instrucción,

Al maestro escuchará.

Pero si esto no le importa esta lucha no verá.

Y seguirá siempre hambriento, y el niño no aprenderá,

Y el maestro aunque no quiera preocupado siempre está

En que llevará sustento, y en que ¿cómo vivirá?

Gobernador, diputado, candidato, funcionario,

Tú tuviste un buen maestro fuiste por él educado

Escucha, recapacita, tu sabes que en realidad

Este aumento es necesario y saludable quizá.

No te escondas, no rehuyas, no mientas,

No hagas promesas, ni insultes a este maestro

Que no quiero sólo un puesto, sino un bienestar,

Honesto para su comunidad.

Gracias por leer el cuento que no es cuento, es realidad,

Es la historia del MAESTRO que luchando ahora está.  

EL MAS HERMOSO PRIVILEGIO



(Aurelio Osuna Jau)

Cuando otros callan

Y esquivan la mirada,

Cuando quieren ocultar

Sus conciencias intranquilas

Con sonrisas monótonas y vanas,

Cuando otros caminan por las calles

Con gesto hosco y van de prisa;

Cuando otros se dejan envolver

Por el silencio ominoso

Que encierra y encadena su alma

Con fríos pensamientos…

Yo voy camino a un campo

Sembrado de nuevas esperanzas,

Hacia la mañana que empieza a germinar.

Cuando otros ensucian sus manos

Buscando el oro que sacie su ambición,

Ponen sombras a su sombra,

Y mandan su conciencia…

Yo simplemente voy y me conformo,

A desenredar el hilo de los capullos

De tiernas orugas, de las crisálidas de ahora,

Las alas del mañana, las nuevas mariposas.

Yo simplemente voy hacia las aguas nuevas,

A confundirme con ellas,

A deshacer y repartir mi corazón

En sus reflejos puros,

A que se beban mi alma,

A reforzar su cauce;

¿Y quién soy? Que gozó el privilegio

de hundir las manos en la tierra,

hurgar en su pecho,

tocar su corazón y adivinar su canto,

para dejarlo luego

en las manos de los labios,

en los ojos inocentes que se abren a la vida,

que buscan su sendero?

¿Quién soy? Que soy dueño de

ese hermoso privilegio?

No puede ser posible

Que aún no lo hayan adivinado.

Yo soy el artesano

Que forja el barro de la vida,

Soy el orfebre que rompe su alma de barro,

Para dejarla repartida

En las mentes y en los brazos

De los que son ahora los que serán mañana.

Esa es mi vida cada día,

Buscar con la sonrisa reflejos de sonrisas,

Buscar con la ternura la ternura,

Buscar con la paciencia la respuesta,
Y darle forma poco a poco a nuevos pensamientos

De horizontes abiertos a la espera.

Para luego volver a casa

Con la satisfacción suprema,

Con el alma revivida,

Con la alegría inmensa de la misión cumplida,

Que nadie puede arrebatarme,

Ni el odio, ni la corrupción, ni la mentira,

Ni la amargura, ni la envidia.

Soy sembrador, navegante, artesano y obrero…

¿Aún no lo saben?
¿No han visto en mis ojos el alma que se escapa.

Que grita con el viento?

Soy poseedor del más hermoso privilegio.

¿Saben quien soy?… ¡Soy maestro!

Ahora y siempre, alzo la voz,

Para decir con el orgullo más auténtico,

Delante de ustedes y el mundo entero:

¡Soy maestro! ¡Soy maestro!

Con la alegría inmensa de la misión cumplida,

Que nadie puede arrebatarme,

Ni el odio, ni la corrupción, ni la mentira,

Ni la amargura, ni la envidia.

Soy sembrador, navegante, artesano y obrero…

¿Aún no lo saben?

¿No han visto en mis ojos el alma que se escapa,

que grita con el viento?

Soy poseedor del más hermoso privilegio.

¿Saben quien soy?… ¡Soy maestro!

Ahora y siempre, alzo la voz,

Para decir con el orgullo más auténtico,

Delante de ustedes y del mundo entero:

¡Soy maestro! ¡Soy maestro!

Esta es mi voz, este es mi pecho,

Estas son mi alma y mi sangre

Dispuestos a la lucha.

¡Aquí están mis manos!

¡Esta es mi conciencia y mi canción!

¡Mi corazón de maestros!

Forjador de almas y conciencias,

Orfebre del pensamiento,

De fracasos y de éxitos,

De alegrías y tristezas,

Dejando los ojos en los libros,

Para encender la luz en la mente de los niños.

¡No soy mártir, ni apóstol!

¡Ni héroe, ni guerrillero!

Simple y sencillamente,

Repito con orgullo: ¡Soy maestro!

¿Acaso iluminar los horizontes,

modelar los pensamientos,

romper la oscuridad y el  silencio

no es el más hermoso privilegio?

¿Acaso alguien puede quitarnos las mil satisfacciones,

que a pesar de injusticias, de sufrimientos y calumnias,

hemos ganado siendo maestros?

Por eso, cuando otros callan,

Cuando esconden su conciencia,

Cuando pintan sus rostros de mentiras y silencio,

Yo alzo la voz y digo con orgullo,

Con legítimo orgullo,

Porque esta es mi bandera y mi credo: ¡Soy maestro!

así, respondo, con coraje, a la ignorancia y la injusticia

que no han visto mi alma repartida;

así digo al ciego, al sordo, al necio,

a todo aquél demente y de conciencia oscurecida;

¡Soy maestro!

¡Por fuera, por dentro!

¡de pensamiento,

de conciencia,

de sentimientos,

de corazón, de acciones!

Le grito al mundo entero:

¡SOY MAESTRO!

¡Aquí estoy!

Por vocación, por convicción,

Por amor… ¡SOY MAESTRO

EBRIO



(Anónimo)

Sí soy yo… el hombre ejemplo,

el hombre bueno, el católico.

¿De qué te espantas?

¿No sabias que soy alcohólico?

Soy una persona como antas.

¿Hipócrita?, ¡claro!, ¿Cuál es el problema?

Esto es muy normal, es lo de todos…

¿Qué quieres? Sí, te he defraudado.,

pero dime; ¿quiénes no son beodos;

¿Quiénes no son hipócritas?

¿Tú? ¿O tú?, ¿a poco tú? Ya ni te fijes,

es un deporte muy generalizado.

Te saqué de onda ¿no?

No esperabas que yo me la pusiera,

Te comprendo. Yo,   el marido modelo,

El intachable, el que nunca te ofendiera,

El padre hogareño y cumplido…

Bueno, ya, no te pongas compungido

¡ah caray!  Salió en verso y sin esfuerzo

como dicen por ahí mis cuates;

pero agárrate, que faltan los remates.

Mira; toma el pobre, el mediocre y el burgués;

El culto, el político y el trabajador.

¿Por qué? ¿Cómo que por qué?

Ay cuatito, ya cállate mejor.

¿Pos de cuál fumas?

Digo, ¿de dónde vienes?

O te haces o eres…de otro planeta.

Eso, aquí entre nos, la mera neta,

¿no sabes que todo anda de la re… contra?

Lo que hacemos y decimos no es natural,

Todo es fingido, es coba, hipocresía social.

A ver, ¿por qué tomamos?

¿Por qué somos indiferentes, apáticos?

Freyre dijo: “El hombre que no se compromete

Con su mundo, no es hombre”.

¡ah,  pero nosotros somos muy simpáticos!

No hay quien comprometa su lindo nombre.

¿Por qué nos enajenamos?

¿es que ya perdimos nuestra dignidad?

Ya no protestamos, nos agachamos.

No valemos nada como humanidad.

¿ven? … los tengo bien apantallados…

¡Despierten! ¡esta farsa se acabó!

Yo no soy alcoholizado.

Algo tenía que hacer para llamar su atención;

Es tiempo de que se diga algo razonado,

Sigo que detenga la  putrefacción.

Vivimos sin brújulas, vacíos,

Tenemos valores falsos,

Caminos torcidos;  

Líderes vendidos de espíritu parcial;

La filosofía ha tenido sus desvíos,

Estamos defraudados,

Nos sentimos deprimidos,

Sin saber si la ciencia es para bien

O para mal; hay guerras por orgullos

Y gente que nos tiene reprimidos.

¡Qué ridículos, apantallamos de machos,

Presumimos de superhombres,

Sin pensar que a la familia dañamos

Y de paso, de paso nos denigramos.

Nunca faltan pretextos para tomar,

Aceptamos comerciales

De bebidas embriagantes,

Descuidamos nuestra imagen al actuar

Y olvidamos los problemas importantes.

Qué pobre opinión tenemos de la mujer,

Que inflados nos han dejado los atavismos,

Hasta cuándo la respetaremos como un ser,

Hasta cuándo borraremos los abismos…

Y caminar por fin con igualdad

Y terminar por fin con la maldad!

Y cómo pesa también la negligencia

Y la dejadez  de olvidar buenos amigos;

Un hermano y la patria imploran un servicio

Y  negamos la ayuda sin clemencia.

Por favor, guardemos un minuto de silencio:

“La palabra solidaridad ha muerto”

Yo lo digo.

¿Y nosotros? Nosotros también vamos muriendo,

Sumidos en rencores, vicios y resentimientos;

Pesimismos y temores nos van desvaneciendo

Y nada ni nadie detiene el hundimiento,

Pero yo quiero hablarte a la mexicana.

Recuerda que no eres hijo del probeta,

¿O a caso no tuviste madre?

Otras veces alardeas de patriota

O te fajas pantalones con alarde.

Eres muy devoto, quieres a tus dioses…

¡Pues demuestra que sí puedes levantarte!

¡Por tu madre, por tu dios, por tu patria!

¡Responde, hable, deja de ser un paria!

DURA PATRIA



(Ricardo Capetillo Casares)

Me voy a detener en el camino,

en la cruda confluencia del camino,

donde se junta el golpe de las risas

con el grito crucial de la miseria.

Voy a clavar mi canto “traicionero”

donde han puesto otras voces sus aplausos

embotando la arista de los pueblos.

No todo es pregonar que todo es bello,

que todo es dulce, suave, placentero

en la cruel realidad de nuestras vidas.

No todo es afirmar que lo primero

es presentar la imagen deformada

de una patria vibrante y cantarina

sin visos de dolor y enriquecida

por el soñado esfuerzo de su gente.

Para que un pueblo crezca, se haga grande,

debe recoger lo bueno y malo,

y así  junto, mezclado con los dedos,

arrojarlo al rigor de la conciencia.

Que el que piensa que el ritmo de la patria

es tan sólo cantar las cosas bellas

tiene el riesgo que el golpe de la historia

le cruce sus palabras con lo cierto.

Oh México, eres grande. Te venero

pero tal como eres, no velado,

no encubierto tu cuerpo dolorido

con la cómoda veste del discurso

que busca complacer, sin ver que daña

al pobre analfabeta que se esconde

en la cueva insalubre de su pena.

Oh México, eres grande. Te venero

pero tal como eres, no encubierto

por la injusta alabanza que denigra

por parejo al que dice y al que escucha.

Oh México, eres grande. Te venero

pero tal como eres, no falseado,

que el amor verdadero hacia la patria

es igual al del niño en su inocencia

que tiene al que le dio la vida buena

(pobre, tal vez, pero fecunda vida)

devoción, fiel entrega, amor sincero.

Oh México, eres grande. Te venero

pero tal como eres, no escondido

en la vergüenza estúpida de un canto

que levantan por ti los vendepatrias;

ni oculto entre falsas oriflamas

que un grupo de canallas pavonean

para tapar el llanto de tus hijos.

Oh México, eres grande. Te venero

y tal vez –ojalá- más grande fueras

si a fuerza de ser inmenso te entregaras

a darle libertad al oprimido,

si colmaras la boca del hambriento,

si curaras las llagas del herido,

si vistieras con galas los harapos,

si pusieras sonrisa entre los labios

torcidos de dolor y de miseria.

Oh México, eres grande. Te venero

y tal vez –ojalá- más grande fueras

si a fuerza de ser inmenso te entregaras,

lo mismo que una madre apasionada,

en brazos de tus hijos olvidados,

en brazos de tus hijos oprimidos.