LA COJITA ESTA EMBARAZADA


La cojita está embarazada.
se mueve trabajosamente,
pero qué dulce mirada
mira de frente.

Se le agrandaron sus ojos
como si su niño
también le creciera en ellos
pequeño y limpio.
A veces se queda viendo
quién sabe qué cosas
que en sus ojos blancos
se le vuelven rosas.

Anda entre toda la gente
trabajosamente.
No puede disimular,
pero, apunto de llorar,
la cojita, de repente,
se mira el vientre
y ríe. Y ríe la gente.

La cojita está embarazada
ahorita está en su balcón
y yo creo que se alegra
cantándose una canción:
“cojita del pie derecho
y también del corazón”.

Jaime sabines

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Respiras y yo


Contracciones de amor
van y vienen de ti
por dentro y por fuera
de repente los latidos se aceleran
empiezo a sentir que es algo especial
la bolsa parece papel celofán
se rompe a la vez que veo escapar
el mar que en tu vientre me hacía flotar
no sé si será esta vez la última o la primera
solo sé que hay olor a primavera…
Me acerco a la luz, me alejo de ti
te cambio por eso que llaman vivir
me acerco a la luz
tu abres la salida
que me lleva a eso a lo que llaman vida

Una luz al final
donde voy a pasar
hay ruido allí fuera
por momentos se te ensanchan las caderas
respiras y yo respiro por tí
empujas, no sé si deseo salir
me noto rodar despacio hasta el fin
más cerca, más ruido, más lejos de aquí
no sé si me voy de ti o eres tú quién me dejas
tu nerviosa y frágil,
yo desnudo y dando vueltas

Me acerco a la luz, me alejo de ti
te cambio por eso que llaman vivir
me acerco a la luz
tu abres la salida
que me lleva a eso a lo que llaman vida

Después de salir, me dejan sobre ti
me hacen llorar, te veo sonreir
y sé que esto es algo que nunca
nunca jamás
nunca jamás volveré… a reperir…

Me acerco a la luz, me alejo de ti
te cambio por eso que llaman vivir
me acerco a la luz
tu abres la salida
que me lleva a eso a lo que llaman vida

Me acerco a la luz, me alejo de ti
te cambio por eso que llaman vivir
me acerco a la luz
tu abres la salida
que me lleva a eso a lo que llaman vida

Me acerco a la luz, me alejo de ti
te cambio por eso que llaman vivir
me acerco a la luz
tu abres la salida
que me lleva a eso a lo que llaman vida

Vida, Vida, Vida, Vida

«Canción de la niñez»


De Peter Handke.

Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy vos?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?
Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, los porotos,
el arroz con leche y el coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.
Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.
En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.
En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando.
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.

Con tu vientre abultado


 …con tu vientre abultado ahi llevas un sueño ahi llevas las femeninas fantasias llevas al cielo y quizás unas cuantas lágrimas, miro tus ojos se ven como luces en la penumbra oigo sus latidos su nombre sera jazmin llevas en ti algo de tristeza llevas en ti algo de belleza y ella es como un pájaro que vuela en libertad, te ves hermosa con una niña… Read more en tu vientre ahi llevas el color de tus pinturas ahi llevas una poesia eterna ahi llevas el origen de la vida, las noches frías son cubiertas de abrazos y de una cancion suave suave como la luna que ilumina los embarazos de un millón de chicas bellas como tú, y le escribirás poemas y le leerás cuentos y le hablarás de dali, marcel duchamp y el principito, el doctor dijo: ella está bien, nacerá en agosto!!! tu lloraste yo seque tus lagrimas. – Anónimo

UN PRINCIPIO SIN FIN (DEDICADO AL MUNDO)


UN PRINCIPIO SIN FIN (DEDICADO AL MUNDO)

Entre el follaje verde
de un olvidado continente
corre entre montañas como serpiente
un río que hecho nudos encanto esconde

Como camino antiguo de un gigante
guarda huellas en su recorrido
siete cántaros de nivel profundo
asesinos de la luz del sol naciente

toda una aventura es esta cultura
que siendo hombres envueltos por emoción y miedo
son lobos, ranas, para luego ser moscas y por error
peces y por fin culebras retando a la altura

un camino que no tiene regreso
una historia que de la imaginación nos ha hecho presos
pues cuenta un anciano en tono de rezos
que al ocaso un chivo cierra el paso

si esto es verdad o mentira
no me importa creo que delira
pues en vez de un chivo lila
vi en las paredes mantos nacientes haciendo fila

follaje hermoso y vistoso
cual manto de doncellas
que sirve como lugar de querellas
a los animales que huyen de lo caluroso

el vestido que cubre a la séptima posa
dejaría asombrado incluso al tuerto
ya no sigo con este verso que parece cuento
mejor me apuro a salir del chivato

pues ya dan las seis de la tarde
y por si el chivo sale de donde se esconde
mejor corro pues con dos cuernos me basto
a nadie le agradan dos más, ¿cierto?

LA CAIDA DE LAS HOJAS


  Cayó como una rosa en mar revuelto… Y desde entonces a llevar no he vuelto a su sepulcro lágrimas ni amores. es que el ingrato corazón olvida, cuando está en los deleites de la vida, que los sepulcros necesitan flores. Murió aquella mujer con la dulzura de un lirio deshojándose en la albura del manto de una virgen solitaria; Su pasión fue más honda que el misterio vivió como una nota de salterio, murió como una enferma pasionaria. Espera, -me decía suplicante- todavía el desengaño está distante… no me dejes recuerdos ni congojas; Aún podemos amar con mucho fuego; no te apartes de mí, yo te lo ruego; espera la caída de las hojas… Espera la llegada de las brumas, cuando caigan las hojas y las plumas en los arroyos de aguas entumidas. Cuando no haya en el bosque enredaderas y noviembre deshoje las postreras rosas fragantes al amor nacidas. Hoy no te vayas, alejarte fuera no acabar de vivir la primavera de nuestro amor, que se consume y arde; Todavía no hay caléndulas marchitas y para que me llores necesitas esperar la llegada de la tarde. Entonces, desplomado en tu cabeza en mi pecho, que es nido de tristeza, me dirás lo que en sueños me decías, pondrás tus labios en mi rostro enjuto y andarás con un listón de luto mis manos cadavéricas y frías. ¡ No te vayas por Dios…! Hay muchos nidos y rompen los claveles encendidos con un beso sus vírgenes corolas; todavía tiene el alma arrobamientos y se pueden juntar dos pensamientos como se pueden confundir dos olas. Deja que nuestras al mas soñadoras, con el recuerdo de perdidas horas, cierren y entibien sus alitas pálidas, y que se rompa nuestro amor en besos, cual se rompe en los árboles espesos, en abril, un torrente de crisálidas. ¿ No ves como el amor late y anida en todas las arterias de la vida que se me escapa ya?… Te quiero tanto, que esta pasión que mi tristeza cubre, me llevará como una flor de octubre a dormir para siempre al camposanto. Me da pena morir siendo tan joven, porque me causa celo que me roben este cariño que la muerte trunca. y me presagia el corazón enfermo que si en la noche del sepulcro duermo, no he de volver a contemplarte nunca. ¡ Nunca…! ¡Jamás…! En mi postrer regazo no escucharé ya del eco tu paso, ni el eco de tu voz… ¡Secreto eterno.! Si dura mi pasión tras de la muerte y ya no puedo cariñosa verte, me voy a condenar en un infierno. ¡ Ay, tanto amor para tan breve instante! ¿Por qué la vida, cuanto más amante es más fugaz? ¿Por qué nos brinda flores, flores que se marchitan sin tardanza, al reflejo del sol de la esperanza que nunca deja de verter fulgores? ¡ No te alejes de mí, que estoy enferma! Espérame un instante… cuando duerma, cuando ya no contemples mis congojas… ¡ Perdona si con lágrimas te aflijo!… – Y cerrando sus párpados, me dijo: ¡ Espera la caída de las hojas.! ¡ Ha mucho tiempo el corazón cobarde la olvidó para siempre! Ya no arde aquel amor de los lejanos días… Pero ¡ Ay.! A veces al soñarla siento que estremecen mi ser calenturiento Sus manos cadavéricas y frías…! Fernando Celada.

LA CAIDA DE LAS HOJAS


 ¡Matrimonio feliz! miran dichosos correr por el jardín a sus dos hijos, son de plata sus risas infantiles y son de oro sus rizos que vuelan agitados por los aires. Descansan, luego un grito provocador y el juego se reanuda con más entusiasmo y más ahínco. Algunas veces el uno en brazos del otro cae. ¡Cómo se quieren los dos niños! Ella es fresca, robusta y apiñonada, él, es un tanto pálido y raquítico, pero ambos son iguales en amarse, iguales en su eterno regocijo, iguales en bondad y hermosura, iguales en espíritu. Una mañana, cuando alegres ambos correteaban, fueron sorprendidos por una extraña visita, era un lejano tío, médico de gran fama, que al llamado del padre fue solícito, porque le despertaban sobresaltos, la delicada complexión del niño. El médico lo toma entre sus brazos, lo examina, lo ausculta y sus carrillos besando con ternura lo autoriza a continuar el juego interrumpido. Jugaban a ocultarse, la hermanita había hecho en la alcoba su escondrijo y en tanto su hermanito la buscaba, ella escuchó el pronóstico del tío. -Amarga es la verdad y me lastima tener que decirla, pero es preciso, este dulce calor de primavera defiende su organismo, le hace bien el aroma de las flores y de los ramajes el oxígeno, ¡Ah! pero a la caída de las hojas cuando esos tilos la calzada alfombren de hojas secas, tened resignación, morirá el niño! Pasó la jubilante primavera, pasó el fecundo y caluroso estío, a las primeras rachas otoñales aquel ser enfermizo demostró que el doctor no se engañaba, fue perdiendo los bríos para jugar, mostrando desaliento, al comer era nulo su apetito, y una triste mañana ya su lecho abandonar no quiso. Los padres permanecen largas horas contemplando a su pálido enfermito, que es el ser de su ser, que es toda su alma. ¿Toda? ¿ Y la niña? El otro ser querido que adora con pasión al dulce hermano, ¿Qué es de su alma de niña, lo mas íntimo? A este recuerdo se preguntaron ambos ¿Dónde está la niña? ¿Dónde se ha ido? que no acude a las voces del enfermo que la extraña y la llama casi a gritos? Va la madre en su busca y la encuentra vagando en el jardín bajo los tilos, en los troncos apoya una escalera, y con el rostro abatido, pero con el paso firme sube y baja de ella, lleva un hilo en la mano derecha y una aguja y con afán solícito, va ensartando las hojas que del otoño al ósculo han caído, y los vuelve a ensartar en los ramajes. Desde que amaneció venciendo el frío, se entregó a su labor, el jardinero que asombrado la vio, nada le dijo, pero la madre al verle le pregunta: -¿Qué hace mi bien querido? y la niña angustiada le responde: -Oí lo que una vez dijo mi tío, ya empieza la caída de las hojas.. ayúdame mamá, yo te lo pido, que no se alfombre de hojas la calzada para que no se muera mi hermanito. MARCOS RAFAEL BLANCO BELMONT